En una noche de Jánuca, el joven David, disfrazado de Caballero Oscuro, exploraba su 'base secreta' en el ático, llena de telescopios y probetas. De repente, su abuela, Nana Sara, lo llamó con un suspiro. Su linterna de aceite para la Havdalá, una reliquia Mizrahi, se había atascado justo antes de la ceremonia.
David, sintiendo la importancia de la tradición y la necesidad de ayudar, se puso su capa de 'héroe científico'. Con valentía, usó sus herramientas de laboratorio, una pinza y un poco de aceite de oliva, para desatascar el mecanismo. Nana Sara sonrió, susurrando una bendición. David, aunque un poco grasiento, se sintió más valiente que cualquier superhéroe, sabiendo que había salvado la Havdalá con ciencia y corazón.
