Leo, que amaba a Hulk, se enfadó mucho cuando su torre de bloques se cayó. Quería gritar, sintiendo el verde de la rabia subir por su pecho. Su amigo, el pequeño arácnido Santi, que siempre practicaba la bondad, se acercó con cautela.
“¿Qué pasó, Leo?” preguntó Santi. Leo, con la cara roja, mintió: “¡Fue el viento!” Pero en realidad, había golpeado la mesa sin querer.
Santi, con valentía, dijo: “Leo, sé honesto. Vi que golpeaste la mesa. No pasa nada si te equivocas, pero la verdad es importante.”
Leo sintió una punzada de vergüenza. Recordó que el verdadero coraje no es solo ser fuerte como Hulk, sino decir la verdad. Respiró hondo, como le había enseñado su mamá para manejar su 'Hulk interior'.
“Lo siento, Santi,” admitió Leo, “me enfadé y golpeé la mesa. No fue el viento.”
Santi sonrió con compasión. “Gracias por ser valiente y honesto. Ahora, ¿la reconstruimos juntos?” Usando la calma y la verdad, la rabia de Leo se desvaneció como una telaraña rota. Reconstruyeron la torre, más fuerte que antes, con la amistad como cimiento.
